EL PODER DEL DECRETO
Por Profeta y Maestra Alejandra Quirós
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DECRETOS DEL INFIERNO (cont... ).

  1. Decretos de amargura.

Estos también son conocidos como pactos internos. Se llevan a cabo cuando por medio de una herida, circunstancia o sufrimiento la persona decreta contra su propia vida o la de otros con un corazón embargado de dolor, resentimiento y amargura.
Ejemplo de esto es el caso de la persona que habiendo sufrido una traición en una relación  de noviazgo o matrimonio decreta diciendo: Nunca más me volveré a enamorar o nunca más voy a  volver a amar a nadie más. Este decreto se establece en su alma y se forma una atadura interna que debe de ser quebrantada en el nombre de Señor, primeramente perdonando al ofensor(a), desatándose de esta persona, anulando los juicios contra el o ella y pidiendo una sanidad del corazón herido.
En la palabra del Señor nos encontramos un pasaje que ilustra claramente un decreto de amargura y es el caso de Noemí que de llamarse Placentera, ya que esto es lo que significa su nombre, se declara amargada lo cual es el significado de Mara. Generalmente la persona con amargura va a estar decretando de continuo lo que tiene es su alma, esto literalmente es veneno que contamina a otros y por lo cual se puede dejar de alcanzar la Gracia de Dios. Lamentablemente esto está muy vigente en la Iglesia de este tiempo y hay muchos que están emitiendo decretos de amargura en todo tiempo. También dentro de esto, vemos manifestados los celos y la envidia de unos contra otros en las congregaciones cristianas lo que trae gran poder destructivo en la Iglesia.
Ruth 1:20-21
20 Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.

El salmo 73 nos muestra que la envidia abre puertas a la amargura y como Asaf siendo un siervo de Dios y adorador tenía envidia en su corazón, hasta que el entra en la Presencia de Dios y conoce al Padre, su naturaleza es transformada y llega a entender el propósito de su vida.

Ps 73:1-74:1

1Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón.
2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. 3 Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos.
4 Porque no tienen congojas por su muerte, Pues su vigor está entero. 5 No pasan trabajos como los otros mortales, Ni son azotados como los demás hombres. 6 Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia. 7 Los ojos se les saltan de gordura; Logran con creces los antojos del corazón. 8 Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; Hablan con altanería. 9 Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra.
10 Por eso Dios hará volver a su pueblo aquí, Y aguas en abundancia serán extraídas para ellos. 11 Y dicen: ¿Cómo sabe Dios?¿Y hay conocimiento en el Altísimo? 12 He aquí estos impíos, Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas. 13 Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia; 14 Pues he sido azotado todo el día, Y castigado todas las mañanas.
15 Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos engañaría. 16 Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí, 17 Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos. 18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. 19¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. 20 Como sueño del que despierta, Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia.
21 Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas. 22 Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti. 23 Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. 24 Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. 25¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 26 Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
27 Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. 28 Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras.

Oremos para anular todo decreto de amargura levantado contra nuestras vidas por nuestras propias palabras o por palabras de terceros.

 

 
 
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